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miércoles

Mansedumbre


(Proverbios 14,30)
El corazón manso es vida del cuerpo; la envidia es caries de los huesos.
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(Eclesiástico 10,14)
Los tronos de los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos.
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(Jeremías 11,19)
Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»
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(Mateo 5,4)
Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra. *
(Mateo 11,29)
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
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(Mateo 21,5)
Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.
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(Eclesiástico 1,27)
Pues sabiduría y enseñanza es el temor del Señor; su complacencia, la fidelidad y mansedumbre.
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(Eclesiástico 36,23)
Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres.
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(Eclesiástico 45,4)
En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne.
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(I Corintios 4,21)
¿Qué preferís, que vaya a vosotros con palo o con amor y espíritu de mansedumbre?
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(II Corintios 10,1)
Soy yo, Pablo en persona, quien os suplica por la mansedumbre y la benignidad de Cristo, yo tan humilde cara a cara entre vosotros, y tan atrevido con vosotros desde lejos.
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(Gálatas 5,23)
mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.
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(Gálatas 6,1)
Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado.
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(Efesios 4,2)
con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor,
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(Colosenses 3,12)
Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de
misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia,
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(II Timoteo 2,25)
y que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la
conversión que les haga conocer plenamente la verdad,
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(Tito 3,2)
que no injurien a nadie, que no sean pendencieros sino apacibles, mostrando una perfecta mansedumbre con todos los hombres.